Día 140 del MPA: Los originales baños de Harvard Square

January 23rd, 2013

La zona de Harvard Square está llena de pubs y restaurantes. Es lógico, se trata de un barrio de estudiantes. Desde que he empezado a moverme por aquí, me ha llamado poderosamente la atención una cosa: el cachondeo que se traen en los baños.

No me malinterpretéis, os dejo un par de ejemplos:

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Día 138 del MPA: El mejor curso

January 21st, 2013

El viernes pasado terminé “Leadership On The Line”. Sin lugar a dudas, el mejor curso que he seguido jamás.

Se trata de la continuación de ”Exercising Leadership”, que tomé el semestre pasado. Ambos están impartidos por Ronald Heifetz, el gurú del liderazgo en Harvard. Un profesor con cerca de cuatro décadas de experiencia docente en esta área.

Aunque no se puede entender un curso sin el otro, “Leadership On the Line” es especial. Concentrado en dos semanas, su intensidad nos han agotado tanto física como intelectualmente. Durante la sesión de despedida, pude apreciar en las caras de mis compañeros (en algunas de forma más visible que en otras) lo mismo que yo sentía. El liderazgo no es una disciplina sencilla, ni mucho menos agradable. Pasa por conocer lo más profundo del ser humano, donde se encierran aquellas obsesiones de las que no somos conscientes y que nos convierte en seres tan horribles como maravillosos.

Cada día, justo antes y después del almuerzo, Ron cogía entre sus manos una misteriosa caja de mimbre. La movía haciendo sonar su contenido y, como si de un ritual se tratase, mostraba su interior a alguien sentado en la primera fila. Éste sacaba de ella una pieza de madera al azar. Después alguien se levantaba, bajaba hasta la pizarra y, con ayuda del profesor, se colocaba un micrófono. Todavía no tengo muy claro si aquella caja elegía a la persona o al caso que presentaría ante toda la clase. Un caso que tenía que cumplir una regla esencial: representar un fracaso.

Esa caja sólo se utilizaba durante unos segundos cada día. Sin embargo, presidía todas nuestras sesiones. Siempre estaba ahí, amenazando con mostrar la pieza que correspondía a cada uno de nosotros; o a cada uno de nuestros fracasos, no lo se. No importaba que estuviese hablando el profesor, o un compañero, o que nos encontrásemos en uno de esos interminables silencios que hacían sentir la sala más llena que nunca. La caja siempre permanecía inmutable, sabedora de que contenía un pedazo de cada uno de nosotros, de nuestras frustraciones, de la verdad que todos ignorábamos. Esa verdad que es el lema de Harvard, la universidad especializada en liderazgo por escelencia.

Os dejo unas cuantas fotos de la clase:

Ovación a Heifetz

Despidiéndonos de Heifetz, a su derecha podéis ver la caja

La caja

Detalle de la caja de mimbre

La clase

La clase en el Foro de la Kennedy

Mi grupo

Almorzando con mi grupo en el edificio Taubman

Día 133 del MPA: No se me dan mal las letras

January 16th, 2013

Pues eso. Parece que no se me dan mal del todo esto de estudiar en Harvard. Más abajo tenéis una foto de los trabajos que hice para Finanzas Públicas. El semestre pasado tuve una carga de trabajo enorme y esta asignatura fue la sacrificada. Es a la que menos tiempo dediqué. Tanto es así, que tenía la sensación de que la pasaría raspada y dando gracias. En fin, parece que no va a ser así.

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Día 131 del MPA: Open

January 14th, 2013

Hace unos días terminé de leer “Open”, la biografía de Andre Agassi. Fue el regalo de cumpleaños de varios compañeros del MIT (gracias, chicos). Me ha encantado.

Cuando pienso en la autobiografía de un deportista americano, me viene a la cabeza un libro montado a base de anécdotas sin interés alguno y escrito con prisas para aprovechar el poco tirón que le pueda quedar al sujeto cuya supuesta vida relata. No digo que ésta sea la norma, pero si que muchos libros tienden a caer en mayor o menor medida en esos pecados. Por ejemplo, incluso el fantástico “Sacred Hoops” de Phil Jackson fue publicado cuando sólo había ganado 3 de sus 11 anillos y, además, hasta bien entrada la segunda mitad del libro no se le empieza a ver la chicha.

En “Open” nos encontramos algo totalmente distinto. Un libro bien escrito de principio a fin, en el que no sobra un solo capítulo, ni una frase, ni una reflexión del autor. En el que las ideas, los hechos y las introspecciones de Agassi están finamente hilvanadas con el fin de entretejer un complejo tapiz en el que se dibujan los fantasmas que le persiguieron durante gran parte de su vida. Sin embargo, “Open” no sólo destaca por poder calificarse como literatura decente (cosa que, por cierto, no es ni digna de elogio), sino por ser una lección acerca de cómo tomar las riendas de nuestras vidas.

No puedo evitar relacionar lo que cuenta Agassi con mi clase de liderazgo. Agassi, el hijo, el marido, el tenista, el niño prodigio, el deportista de élite, el millonario, el joven rebelde, … ¿Quién era él realmente? ¿En qué medida sus vínculos con cada uno de aquellos roles le impedían conocerse a sí mismo? El libro relata cómo un proyecto personal, una aspiración más grande incluso que la suma de todos esos personajes, da sentido a su talento singular para jugar al tenis. Cómo una habilidad banal se transforma en el pábulo que alimenta las ilusiones y esperanzas de cientos de personas.

En cierta ocasión, un compañero de carrera me dijo que Michael Jordan sólo era “un tío que sabía jugar muy bien al baloncesto”. No le faltaba razón. Como tantos otros que saben cantar, o moverse con agilidad en el mundo de la política, o ganar dinero. “Open” nos describe cómo Agassi se encontró a sí mismo fuera de las pistas y aprendió a ser algo más que un jugador de tenis.

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Yo soy Jean Valjean

January 3rd, 2013

Jean ValjeanAcabo de ver la película de Los Miserables. Debo confesar que entré en el cine sin muchas expectativas. Todavía conservo el nefasto recuerdo de El Fantasma de la Ópera, en la que la interpretación de Emmy Rossum (la Bulma de Dragonball Evolution) no me pareció estar a la altura de la Christine Daae del musical de Broadway.

Mi veredicto: excepcional. Así se lleva un musical al cine. Interpretaciones extraordinarias, planos que descubren matices imposibles en el teatro y uso intensivo de infografía para dar a cada escena la dimensión que merece la obra de Victor Hugo. Hugh Jackman está genial, pero quien de verdad me ha encandilado es Anne Hathaway. No me esperaba que Catwoman la Reina de Genovia exhibiese semejante voz. Merece mención especial su interpretación de I Dreamed a Dream, rodada en un solo plano.

Tom Hooper ha sabido sacar el máximo partido al particular lenguaje del séptimo arte, a la vez que ha respetado la esencia del musical. En esta ocasión, las voces que escuchamos durante las canciones no están grabada en un estudio. Han sido registradas durante la interpretación de los actores, por lo que recogen todos los matices e imperfecciones propios de la misma. Ante la ineludible comparación con la obra original, sólo puedo decir que detenerse a realizarla sería tan innecesario como injusto, tanto para la película como para el musical. Se trata, sencillamente, de dos tipos diferentes de arte.

Independientemente de la calidad del film, lo que me lleva a escribir estas líneas y no un breve “tuit” es una reflexión acerca del personaje de Jean Valjean. Valjean, el preso número 24601 del penal de Tolon, es una persona torturada por sus errores. Se debate entre desempeñar el rol que la despiadada Francia del Imperio napoleónico le ha asignado y empezar una nueva vida. Pronto descubre que la segunda opción no es viable, ya que no puede escapar de su pasado.

Hay un poco de Jean Valjean en cada uno de nosotros. Somos el producto de nuestra experiencia. No podemos ignorarlo, pero tampoco ser esclavos de ella. Un hombre tiene que aprender a vivir con su pasado. Al igual que hace Valjean a lo largo de la obra, debe aceptarlo, perdonarse y aprender de él. Sólo así podremos estar en armonía, primero con nosotros mismos y más tarde con los demás.

Día 40 del MPA: Nobel de la Paz a la UE

October 15th, 2012

He visto muchos comentarios contrarios a que se le conceda el Premio Nobel de la Paz a la Unión Europea. Curiosamente, el Master en Administración Pública me está permitiendo conocer muchos detalles de política internacional que podrían poner en contexto este reconocimiento. Pego la explicación que le puse ayer mismo en Facebook a un buen amigo:

Europa ha sido históricamente un hervidero. Su historia está escrita a base de guerras entre Francia, Alemania, Inglaterra, Rusia, España y Austria (antiguo Imperio Austro-Húngaro). Guerras en las que casi siempre estaban involucrados Italia y los Países Bajos.

Lo que ahora es la Unión Europea surgió en 1951 como una autoridad común para el manejo de las producciones de acero y carbón (la CECA). El plan que tenía su ideólogo, Robert Schuman, era “someter las dos producciones indispensables de la industria armamentística a una única autoridad” de forma que “los países que participaran en esta organización encontrarían una gran dificultad en el caso de querer iniciar una guerra entre ellos” (Unión Europea, Wikipedia).

Su plan funcionó. Ningún país de la Unión Europea ha iniciado una guerra contra otro estado miembro. Esto puede parecer trivial. Pero en realidad no lo es, ya que supone el periodo de paz más prolongado de la historia entre los países mencionados anteriormente: 67 años (estoy haciendo los cálculos de memoria, así que a lo mejor se me escapa algún periodo). Algo que no consiguió el balance de poderes de Metternich en la primera mitad del siglo XIX, ni el poder central prusiano de Bismarck en su segunda mitad, ni la Liga de las Naciones (lo que ahora son las Naciones Unidas) de Wilson a principios del siglo XX.

El Nobel de la Paz se le concede a la Unión Europea porque ha sido el único instrumento que ha demostrado lograr la paz en Europa. Honestamente, creo que en esos términos, y desde un punto de vista puramente pragmático, ninguna persona u organismo puede merecerlo más. Básicamente, porque nadie ni nada ha conseguido algo así.

Día 29 del MPA: Acordándome de mis compañeros de MBA

October 4th, 2012

Hacer dos masters al mismo tiempo es un follón. Hay que dar más clases al mismo tiempo que se atienden las exigencias de dos universidades.

Sin embargo, el punto que más me preocupa es mantener el contacto con mis compañeros del MIT mientras estoy en Harvard. El fútbol ayuda, ya que para disgusto de mis compañeros de la Kennedy decidí continuar jugando con el equipo de Sloan. También las C-Functions, eventos temáticos de los jueves, ya que nadie se las pierde.

Existen otras oportunidades para volver a ver a mi gente. Por ejemplo, hace unos días fui a la fiesta que organizó Ari en su casa. Ari es un tío peculiar. Me atrevería a decir que es el más inteligente de mi promoción. En serio, la cabeza le funciona a otra velocidad, aunque no siempre en la dirección que el resto de los mortales consideramos razonable.

En la fiesta me encontré con Tammy, una de mis compañeras de core-team (el equipo con el que compartimos el primer semestre en Sloan y que, si no ocurre nada raro, acaba acompañándonos durante todo el MBA). Tammy es hija de orientales y creció en California. Estuvimos hablando de la universidad y, cuando le pregunté, me recordó que estudió en Yale.

Nunca me había parado a reflexionado acerca de los centros donde estudiamos cada uno. Por curiosidad, cito de memoria:

  • Rob – Harvard: Ivy-League. Considerada la mejor universidad del mundo. Típica top-3 en cualquier ranking.
  • Ben – MIT: La más selectiva de EEUU. Generalmente, entre las 5 primeras de los rankings. En el SAT (la selectividad americana), TODOS sus estudiantes están entre el 7% de los mejores en lectura, el 5% de los mejores en escritura, y el 3% de los mejores en matemáticas.
  • Tammy – Yale: Ivy-League. Normalmente entre las 10 primeras en cualquier ranking.
  • Sal - Cornell: Ivy-League. Top-20 en cualquier ranking.
  • Maria – Cornell: Ivy-League. Top-20 en cualquier ranking.
  • Vishal – IIT: Número 1 en India, una de las más competitivas y selectivas del mundo (probablemente la más). Con decir que en el MIT consideramos a la gente que viene de allí como “los listos” del MBA, queda todo dicho.
  • Miguel – Universidad de Sevilla: ¡Toma ya!

 

* El pingüino de la foto es nuestra mascota.

Día 27 del MPA: Un e-mail valorado en $70

October 2nd, 2012

Hace unos días recogí la tarjeta para usar el metro de Boston. Puedo conseguirla con descuento tanto en el MIT como en Harvard. Se trata de uno de los pocos privilegios que mantendré durante todo el tiempo que sea estudiante, independientemente de a qué universidad esté pagando la matrícula.

Harvard ofrece un descuento de un 10% sobre los $70 mensuales que cuesta la tarjeta. El MIT, por su parte, llega al 50% de descuento. Como es de suponer, he solicitado la segunda opción.

Pues bien, hoy mismo he ido a recoger la tarjeta al Stata Center del MIT. De vuelta a casa, la he utilizado para entrar en el metro. Ya sentado en el vagón, he pasado el viaje leyendo la documentación que acompañaba a la tarjeta. Uno de los papeles, en color rojo y cuyo título era “aviso importante”, advertía de no utilizar la tarjeta antes del día 1 de octubre. De lo contrario, me cargarían el precio mensual sin descuento: $70. Evidentemente, estando a día 28 de septiembre y con un fin de semana por delante, pagar esa cantidad por un par de viajes no estaba en mis planes.

Se me ha ocurrido enviarle un correo electrónico al responsable de operaciones del departamento de transportes del MIT (no me refiero al académico, sino al de servicios). En él, le he comentado mi error y la poca gracia que me haría pagar $70 por un viaje individual en metro que suele costar $2. Inmediatamente he recibido contestación desde un iPhone: “Rectificaremos la situación”. O, lo que es lo mismo, “Ten tus $70″.

  

Día 13 del MPA: ¿Se puede entender el sistema?

September 18th, 2012

Hace unos días, conocí a un compañero recién entrado en el MBA del MIT. Me comentó que también estaba interesado en hacer el Master en Administración Pública de Harvard a través de la titulación conjunta que estoy cursando. A raíz de aquello, iniciamos una interesante conversación sobre el proceso que nos había llevado a tomar la decisión de formarnos en estas universidades.

En un momento dado, hablando acerca de la crisis financiera, me preguntó mi opinión sobre la complejidad del sistema. Concretamente, dudaba si el entramado de agentes, herramientas y productos era tan complejo que se hacía imposible entenderlo en su conjunto, o si por el contrario era factible dominarlo.

Interesante pregunta. Plantea una serie de dilemas morales. Por ejemplo, si fuese imposible entender el sistema, deberíamos considerar que el comienzo de la crisis financiera fue un acontecimiento imprevisible. Por lo tanto, los responsables de bancos, gobiernos y demás agentes implicados deberían quedar libres de toda culpa.

Mi respuesta fue que es posible entender el sistema, pero que lamentablemente se requiere un enorme esfuerzo. Aproveché para comentarle lo que nos dijo Bob Merton, premio Nobel de economía, durante la charla que dio el año pasado a los alumnos del MBA que cursamos la especialización en finanzas.

Merton nos explicó cómo se propaga el riesgo asociado a los préstamos cuando aumentan las probabilidades de incumplimiento de los pagos, así como las desastrosas consecuencias que esto puede tener. Cuando terminó la charla, la cual contaba con un enorme contenido técnico, nos confesó que la gran mayoría de los agentes implicados en la toma de decisiones del sector financiero carecen de los conocimientos necesarios para identificar y detener el fenómeno a tiempo.

“No tenéis excusa”, nos dijo Merton. La charla tenía como objetivo que comprendiésemos el funcionamiento del sistema, o al menos una parte del mismo, y actuásemos en consecuencia cuando advirtiésemos prácticas negligentes. Alguno de los estudiantes que había en aquella sala estará algún día en el consejo de administración de una entidad financiera, o en el Ministerio de Economía de algún gobierno, y tendrá el deber de hablar recordando las palabras de Merton. Aunque eso pueda costarle el puesto de trabajo.

Claro que el sistema es comprensible y claro que existen responsables de lo que ha ocurrido. Pero su pecado no fue la avaricia. Cuenta el controvertido profesor Jesús Huerta de Soto que un banquero, tras leer uno de sus libros, compartió con él la preocupación que le había causado la lectura. Había pasado de pensar que hacía el bien, manteniendo un bajo coeficiente de caja que le permitiese conceder una mayor cantidad de préstamos préstamos, a darse cuenta de que dicha práctica acabaría condenando a la ruina a miles de familias.

Sus pecados son, por el contrario, la pereza y la soberbia. La pereza, por no trabajar tan duro como sea necesario para tener unos conocimientos a la altura de sus responsabilidades. Y la soberbia, por aceptar cargos que impliquen dichas responsabilidades sin estar capacitados para ejercerlos.

Día 8 del MPA: Escogiendo asignaturas en EEUU

September 13th, 2012

Escoger asignaturas en las universidades estadounidenses es toda una ciencia. No sólo existe una variedad abrumadora de materias, sino que además se compite por ellas.

Por ejemplo, en la Harvard Kennedy School hay este año un total de 293 cursos. De ellos, 114 se imparten en el semestre de otoño. La mayor parte, hasta 102, tienen lugar entre septiembre y diciembre; son los que cuentan como 1 crédito. Entre septiembre y octubre se imparten 5 cursos, mientras que entre noviembre y diciembre se dan otros 7, muchos de ellos continuación de los anteriores; tantos unos como otros cuentan como 0.5 créditos.

Por su parte, cada alumno puede cursar entre 3 y 5 créditos por semestre. Dependiendo del programa, algunas asignaturas pueden ser obligatorias. En mi caso, fui admitido en el Master en Administración Pública. Se supone por ello que ya tengo la base de economía, contabilidad y finanzas que la Kennedy requiere en todos sus masters. Por eso todas mis asignaturas son de libre elección.

El problema llega cuando te das cuenta de que la mayor parte de los alumnos están interesados en las mismas asignaturas. Todo el mundo sabe cuáles son los cursos más interesantes y los profesores más prestigiosos. Por ejemplo en el MIT teníamos a Robert Pindyck (el del libro de microeconomía que se estudia en medio mundo), Andrew Lo (el que sale en Inside Jobs) y John Sterman (el gurú de la dinámica de sistemas) entre otros.

El procedimiento que se sigue para saber quién puede cursar las clases más solicitadas es una subasta. En el MIT, los alumnos cuentan con una serie de puntos y tienen acceso a varias rondas en la que van asignando dichos puntos a las materias que desean cursar. Si en una ronda no se llena la clase, todos los que apostaron por ella entran y recuperan sus puntos. Si se ha llenado, entran los que más puntos asignaron, a los que se les restan los puntos apostados por aquella persona que consiguió entrar con la apuesta más baja. Los que apostaron una cantidad menor a la requerida para entrar recuperan sus puntos.

Así continúa el proceso durante varias rondas. La cantidad de puntos, las rondas en las que se tiene derecho a participar, la existencia de plazas reservadas y la resolución en caso de empate dependen de factores como el programa cursado, la pertenencia a la escuela o a la universidad (ya que estudiantes de otras facultades e instituciones educativas también participan) o el año en el que se encuentre el estudiante (por ejemplo, los que están en su último año tienen preferencia).

En Harvard el proceso es algo distinto. Primero se escogen asignaturas y, después, sólo van a subasta aquellas que se han llenado. De esta forma se beneficia a quienes tienen mucho interés en cursar una materia poco popular, ya que no necesitan invertir puntos en ella. No hay rondas adicionales, sino que una vez realizada la subasta los alumnos pueden registrarse en las asignaturas que no se llenaron durante la fase previa (es decir, aquellas que no fueron a subasta). Pero sólo hasta que se llenen, por lo que hay que darse prisa.

El proceso de subasta de asignaturas es, como comenté al principio, toda una ciencia. Primero hay que saber qué clases se quieren tomar, teniendo en cuenta por un lado las preferencias personales y por el otro factores como los horarios o exigencias de cada materia (que no haya dos exámenes el mismo día, o que la carga de trabajo sea razonable y balanceada durante todo el semestre). Luego se deben construir varios escenarios que sean al mismo tiempo satisfactorios y realistas. Hay que tener en cuenta que el ideal seguramente sea imposible y que el más satisfactorio de aquellos factibles probablemente quede descartado una vez realizada la subasta.

En cuanto a la asignación de puntos, es la parte más científica del proceso. En ella se tira de teoría de juegos y estadística (lo cual en el MIT viene a ser un infierno debido a los elementos que tienes como compañeros de clase), además de algo de psicología. Es el típico proceso que cuando sale bien te crees muy listo, pero cuando sale mal la culpa es de los demás por no pensar “racionalmente” (que viene a ser “como a mi te viene bien”). De cualquier forma, al final siempre hay que tirar de improvisación, ya que algo suele fallar.