Día 8 del MPA: Escogiendo asignaturas en EEUU

Escoger asignaturas en las universidades estadounidenses es toda una ciencia. No sólo existe una variedad abrumadora de materias, sino que además se compite por ellas.

Por ejemplo, en la Harvard Kennedy School hay este año un total de 293 cursos. De ellos, 114 se imparten en el semestre de otoño. La mayor parte, hasta 102, tienen lugar entre septiembre y diciembre; son los que cuentan como 1 crédito. Entre septiembre y octubre se imparten 5 cursos, mientras que entre noviembre y diciembre se dan otros 7, muchos de ellos continuación de los anteriores; tantos unos como otros cuentan como 0.5 créditos.

Por su parte, cada alumno puede cursar entre 3 y 5 créditos por semestre. Dependiendo del programa, algunas asignaturas pueden ser obligatorias. En mi caso, fui admitido en el Master en Administración Pública. Se supone por ello que ya tengo la base de economía, contabilidad y finanzas que la Kennedy requiere en todos sus masters. Por eso todas mis asignaturas son de libre elección.

El problema llega cuando te das cuenta de que la mayor parte de los alumnos están interesados en las mismas asignaturas. Todo el mundo sabe cuáles son los cursos más interesantes y los profesores más prestigiosos. Por ejemplo en el MIT teníamos a Robert Pindyck (el del libro de microeconomía que se estudia en medio mundo), Andrew Lo (el que sale en Inside Jobs) y John Sterman (el gurú de la dinámica de sistemas) entre otros.

El procedimiento que se sigue para saber quién puede cursar las clases más solicitadas es una subasta. En el MIT, los alumnos cuentan con una serie de puntos y tienen acceso a varias rondas en la que van asignando dichos puntos a las materias que desean cursar. Si en una ronda no se llena la clase, todos los que apostaron por ella entran y recuperan sus puntos. Si se ha llenado, entran los que más puntos asignaron, a los que se les restan los puntos apostados por aquella persona que consiguió entrar con la apuesta más baja. Los que apostaron una cantidad menor a la requerida para entrar recuperan sus puntos.

Así continúa el proceso durante varias rondas. La cantidad de puntos, las rondas en las que se tiene derecho a participar, la existencia de plazas reservadas y la resolución en caso de empate dependen de factores como el programa cursado, la pertenencia a la escuela o a la universidad (ya que estudiantes de otras facultades e instituciones educativas también participan) o el año en el que se encuentre el estudiante (por ejemplo, los que están en su último año tienen preferencia).

En Harvard el proceso es algo distinto. Primero se escogen asignaturas y, después, sólo van a subasta aquellas que se han llenado. De esta forma se beneficia a quienes tienen mucho interés en cursar una materia poco popular, ya que no necesitan invertir puntos en ella. No hay rondas adicionales, sino que una vez realizada la subasta los alumnos pueden registrarse en las asignaturas que no se llenaron durante la fase previa (es decir, aquellas que no fueron a subasta). Pero sólo hasta que se llenen, por lo que hay que darse prisa.

El proceso de subasta de asignaturas es, como comenté al principio, toda una ciencia. Primero hay que saber qué clases se quieren tomar, teniendo en cuenta por un lado las preferencias personales y por el otro factores como los horarios o exigencias de cada materia (que no haya dos exámenes el mismo día, o que la carga de trabajo sea razonable y balanceada durante todo el semestre). Luego se deben construir varios escenarios que sean al mismo tiempo satisfactorios y realistas. Hay que tener en cuenta que el ideal seguramente sea imposible y que el más satisfactorio de aquellos factibles probablemente quede descartado una vez realizada la subasta.

En cuanto a la asignación de puntos, es la parte más científica del proceso. En ella se tira de teoría de juegos y estadística (lo cual en el MIT viene a ser un infierno debido a los elementos que tienes como compañeros de clase), además de algo de psicología. Es el típico proceso que cuando sale bien te crees muy listo, pero cuando sale mal la culpa es de los demás por no pensar “racionalmente” (que viene a ser “como a mi te viene bien”). De cualquier forma, al final siempre hay que tirar de improvisación, ya que algo suele fallar.

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