En 2001 Apple lanzó su iPod, el dispositivo que ha revolucionado la industria de los reproductores multimedia portátiles. La presentación que hizo Steve Jobs en el Apple Music Event de 2001 es una de mis favoritas. Con un sentido común aplastante y un impecable concepto de marketing, nos muestra la forma en la que debe hacerse una presentación y el secreto para diseñar un producto capaz de barrer al mercado.
<< La descentralización del tiempo trae consigo otras consecuencias. Cuando se permite a la gente controlar sus agendas, no siempre acaba dividiendo su tiempo en claros intervalos de “trabajo” y “no trabajo”… Saben que, aunque se ausenten una hora para asistir a la reunión de buenas noticias en la escuela de Primaria de sus hijos, pueden hacer el trabajo que se les ha encargado, aunque ello signifique trabajar un rato por la noche en casa…
El hecho es que los empleados siempre han ignorado esa especie de muros temporales…
Henry Mintzberg, profesor de la Universidad McGill (Canadá), es uno de los más eminentes académicos en gestión y estrategia de negocios. Navegando por Internet he encontrado un artículo de Juan Carlos Cubeiro, Director de Eurotalent, sobre el libro “Directivos, no MBAs”. En él, Mintzberg fundamente los errores actuales de la educación en gestión.
Sin ánimo de entrar en valoraciones ni detalles, me ha llamado especialmente la atención el énfasis que hace en las habilidades blandas y la experiencia en gestión. Pero, sobre todo, la importancia que otorga a la ética. Una reflexión digna de ser considerada.
La semana pasada, un compañero de trabajo se me quedó mirando mientras escribía un documento. Cuando me giré hacia él, me dijo “¡Qué rápido escribes!, ¿no?”. No es la primera vez que me ocurre. Siempre que lo oigo, no puedo evitar realizar una reflexión sobre ello.
He oído muchas veces que los analfabetos del futuro (ahora el presente) serían quienes no supiesen inglés e informática. Si bien siempre me ha parecido muy acertada dicha afirmación, considero que confiar ciegamente en ella entraña un gran peligro. Parece que para estar adaptados a la vida moderna basta con leer el Wall Street Journal y manejar un ordenador. Nada más lejos de la realidad, pues se nos requieren muchas otras habilidades.
Una de ellas es la mecanografía. Con la adopción del ordenador como herramienta de trabajo básica y el correo electrónico como formato de comunicación masivo, escribir rápido al teclado supone un enorme impacto en nuestra productividad. Sin embargo, sigo viendo a gente mirando al teclado, buscando letras y usando a lo sumo 4 dedos.
Me resulta sorprendente que la mecanografía no sea aún una materia básica en las escuelas. Del mismo modo que la caligrafía lo fue en su día. Al tiempo que se gana en el propio proceso de escritura, hay que añadir tres factores determinantes:
Se está concentrado en el contenido de lo que se escribe, y no en dónde está tal tecla o qué dedo hay que mover.
La vista se aparta del teclado para centrarse en fuentes de información vinculadas al proceso de escritura: el texto que se está copiando, un correo electrónico, mensajes entrantes a través del chat o el resultado de lo que estamos escribiendo.
Se adquiere la destreza de utilizar atajos del teclado o, lo que es lo mismo, realizar ciertas acciones hasta 10 veces más rápido que con el ratón.
Desconozco cuál es el aumento de productividad que puede proporcionar la mecanografía. Pero si se que, sin ella, tendría que dejar para otra ocasión muchas de las cosas que escribo a diario (informes en el trabajo, correos electrónicos a colegas, este blog, …). Es posible que para muchos ya sea tarde, pero recomendaría a cualquiera que inscribiese a sus hijos en un curso de mecanografía, tanto por su bien como por el de las organizaciones en las que trabajarán en el futuro.
<<… el valor de gigantes de la Red como Yahoo! o Google no se debe a su contenido, sino a dónde conducen. Aun así, nuestra comprensión de la naturaleza del conocimiento, la educación y la especialización está delimitada por cosas que contienen valor, no por cosas que nos dirigen a otro lugar donde encontrar valor. El valor de los libros radica en su contenido. La educación es la transferencia de contenido en el receptáculo que es el alumno. Y un experto es alguien que contiene mucha información, igual que un libro contiene información. De hecho, los expertos son personas que pueden escribir libros. Pero, con el extraordinario aumento del volumen de información de hoy en día, uno puede ser experto sólo en un campo tan estrecho que, a menudo es nimio. Cada vez más, un experto útil no es alguien con todas las respuestas, sino alguien que sabe dónde encontrarlas. El valor de los nuevos expertos no se basa en centralizar la información y el control, sino en ser excelentes “hipervículos” nacia otras personas e información útil y actual.>>
Cuando me pidieron que hiciera este discurso, me pregunté qué tenía que decir a unos muchachos como ustedes, que están acabando sus estudios. Y pienso que tengo una cosa que decir. Si desean ser útiles, nunca sigan un rumbo que les silencie. Rehúsen aceptar cualquier cosa que implique la confabulación, ya sea una secretaría, honorarios de abogado o un puesto en una universidad. Conserven el poder de la palabra, incluso si ello exige perder todos los demás poderes. Si logran seguir este rumbo, y en la medida en que lo tomen, harán grande este país. En cambio, en la medida en que se alejen de él, no avanzarán ustedes, ni harán avanzar al país.
He visto durante diez años chicos jóvenes que se lanzan al mundo con sus mensajes, y cuando descubren lo sordo que es el mundo, piensan que deben ahorrarse esfuerzos y esperar. Creen que dentro de un tiempo habrán sido capaces de convertirse en una pequeña eminencia y que entonces se harán oír. “Dentro de unos años”, razona uno de ellos, “habré conseguido cierto prestigio, y entonces usaré mi poder para hacer el bien”. Pero llega el año siguiente y con él un insólito descubrimiento. El hombre ha perdido su perspectiva. Su ambición se ha evaporado; no tiene nada que decir.
Les doy esta única norma de conducta. Hagan lo que hagan, expresen siempre su opinión. Permitan que les rechacen, que les odien, que les ridiculicen, asústense, duden, pero no permitan que les amordacen. Siempre se está a prueba. El momento que esperábamos es ahora.
No me cansaré de repetirlo: Nintendo y Apple son mi debilidad en el mundo empresarial. Su naturaleza innovadora y, sobre todo, su forma de entender el marketing, radicales, sin concesiones de ningún tipo, las hacen únicas. Sirva como muestra que, a pesar de mimar a sus productos hasta el extremo, ambas son famosas por permitirse sacrificar prestaciones que todo el mundo considera imprescindibles y, en última instancia, el mercado siempre les suele dar la razón.
De ellas dos, no es precisamente un secreto que me guste más Nintendo. Apple tuvo una etapa oscura, muy oscura. Pero Nintendo, incluso en su peor momento, siguió siendo un monstruo capaz de vender una consola cada 3 segundos (este dato impresiona, pero aún más lo hace pensar en cómo pudieron llegar a esa capacidad productiva) y obtener mayores beneficios que sus competidoras. Me cuesta encontrar a alguna empresa que haya dominado un sector de forma tan aplastante como Nintendo.
Por estos motivos y muchos más, Nintendo me parece la mejor empresa del mundo. Sin embargo, he podido percibir que hasta el momento pocos estaban de acuerdo conmigo. Al fin y al cabo, se trata de una empresa que produce videojuegos. Lo que se suele pasar por alto es que, si produjese cualquier otro tipo de software tales como sistemas operativos o aplicaciones de negocios, probablemente lo harían con la misma calidad y brillantez.
BusinessWeek ha publicado recientemente un listado, elaborado por A.T. Kearney, de las 40 mejores empresas del mundo. La primera: Nintendo.
No quiero ni imaginarme la que se nos viene encima. El mundo dentro de 5 años no lo va a conocerlo ni su padre. Las relaciones personales, el ocio, el trabajo, … ¡todo va a ser diferente!
Lo que dice el siguiente vídeo ya lo sabemos muchos pero lo han asimilado muy pocos. Sin embargo, nadie es capaz de imaginar las consecuencias de todo lo que está ocurriendo:
El conocimiento concentrado me provoca una gran admiración. The Fog of War, ganador de un Oscar en 2004, es el documental en el que Robert McNamara comparte 11 lecciones basadas en los aciertos y errores cometidos a lo largo de su vida. No todos los días se tiene la oportunidad de aprender de uno de los personajes más relevantes del siglo XX.